Ir al contenido principal

La esfinge roja de Emilio Frugoni, capítulo primero, frente al enigma.

 El Cáucaso me besó, hospitalario, el rostro con el aire fresco de una ambigua mañana de principios de mayo, cuando asomé al campo en la escalerilla del avión.
 Edipo no vibraba, sin duda, de más intensa emoción cuando afrontó a la Esfinge en los alrededores de Tebas.
 Eso ocurrió plácidamente bajo la tibia protección luminosa de un sol de primavera, en el aeródromo de Bakú.
 Habíamos volado algo más de tres horas desde Teherán, y tomábamos contacto con la tierra soviética en los alrededores de la ciudad que al borde del mar Caspio surge como heraldo de la mayor concentración petrolífera de la U.R.S.S. Los clarines que anuncian al viajero esa riqueza y la señalan en los aires como un índice elocuente, son las innumerables torrecillas de hierro elevadas cada una sobre cada pozo de mineral líquido. Tantas torrecillas, tantos pozos… No todos, por cierto, se hallan en producción. Muchos se han agotado o no han sido todavía suficientemente profundizados. No hace falta más, sin embargo, para leer en el espacio, en ese gráfico estadístico sin números, toda la importancia económica de la región productora de petróleo.

 Sólo tuvimos tiempo para descender al aeródromo, desde el cual se divisa la techumbre de la población a distancia de algunos quilómetros, y hacer en el restaurante un almuerzo frugal, a base de huevos duros, carne de cerdo, en colaboración con algunos vasos de té y tostadas con mantequilla. Era un estimulante de nuestro optimismo la buena compresión que recibíamos de esa acogida, en forma de una colación con buenos productos Koljosianos en un local confortable y limpio, bajo la amable asistencia de una sonriente y no mal parecida administradora que, desde el mostrador, nos indicaba las cosas de que podíamos servirnos.
 Ya he narrado en otro libro las impresiones de nuestra travesía desde ese punto de recalada del avión hasta Moscú, con el aterrizaje en Stalingrado, la ciudad mártir por antonomasia, entre las mil ciudades mártires de la última guerra. Sintiendo todavía en el alma la consternación de aquel horrendo cuadro de exterminio (a cierta distancia, la ciudad parece intacta pero al acercarnos descubrimos que sólo quedan de ella las armazones de los edificios, como esqueletos mondos de toda envoltura carnal), arribamos a la capital soviética al atardecer. Cerca de las seis y media eran ya y aún estaba claro el día aunque un toldo de nueves cubría el cielo. Nos aguardaban en el aeródromo el Jefe del Protocolo y otros funcionarios de la misma repartición acompañados de dos empleados del Inturist (la oficina que tiene a su cargo el traslado, alojamiento y demás necesidades de instalación y residencia de los extranjeros).
 El primero se dirigió a nosotros en un correctísimo francés, el segundo en un corriente español, también hablaba con bastante soltura una de nuestras gentiles conductoras.
 Atribuimos a la guerra los brillantes uniformes grises con botones dorados de tipo militar que vestían los representantes del comisariado de Asuntos Extranjeros; como todo el mundo estaba movilizado, era de suponer que a los funcionarios del gobierno se les hubiesen atribuido grados militares de acuerdo con su jerarquía administrativa, asimilándolos a los respectivos grados del ejército, y se los hubiera uniformado por consiguiente.
 El hecho es que la Cancillería se nos presentaba así personificada en esos amables funcionarios, bajo un aspecto inusitado.
 Y no sería el único, por cierto.
 A ella, en efecto, habría de corresponderle proporcionar los primeros atisbos de que entrábamos en un mundo desconcertante, por muchos conceptos, para nuestra mentalidad americana. ¡Que diferencia, desde luego, entre la sencillez de las costumbres oficiales en nuestro Uruguay a pesar del relativo arcaísmo de las inevitables pragmáticas protocolares, y los hábitos que allí se han adoptado a imitación, no de los países más republicanos y democráticos que conocemos, sino al estilo de las potencias monárquicas y tradicionalistas!
 A los tres o cuatro días de nuestro arribo hice una visita de práctica a Molotov, el famoso comisario del pueblo para los asuntos extranjeros. Acompañado del Jefe de Protocolo, me trasladé un su auto al Kremlin, cuyas murallas almenadas y cuyas cúpulas y campanarios internos contemplaba todos los días desde las ventanas del hotel.
 ¡El Kremlin! No hay ciudadela ni castillo en el mundo que despliegue ante los ojos del alma un más vasto panorama de historia, una más sugestiva evocación de tiempos remotos convulsionados por los desbordes de la violencia en la lucha de los hombres por el poder, en las trágicas disputas movidas por la ambición. Su adusta fisonomía medieval del reciento amurallado, que muestra por encima de las almenas de sus muros las innumerables ventanas de sus palacios y las torres de sus iglesias, nos habla, con su expresión de fuerza sombría y de misterio inquietante, un silencioso lenguaje de siglos, en que cada palabra es un torreón, una almena, una tronera, una portada, un puente, un foso, en los cuales asoma el espectro de aquella fosca vida pretérita. Ella ha dejado el sello de sus grandezas y miserias, de sus crímenes y de sus glorias, de sus contradicciones misteriosas en todos sus elementos, en todos los detalles, en todas las piedras de la importante construcción.
 Una leyenda o conseja popular vinculada a su génesis, refuerza en los espíritus ingenuos su prestigio formidable. Se cuenta que cuando se comenzó a construir la muralla de ladrillos, en tiempos de Iván III, el Bueno, allá por el año 1485, en sustitución de la primitiva empalizada de madera de encina que databa del siglo XII y que el fuego redujo a cenizas, cinco doncellas, niñas aún, quisieron hacer ofrenda de sus vidas a la ciudad en un tremendo sacrificio auspicioso y se ofrecieron para ser enterradas en los cimientos de la fortaleza. Fueron sepultadas vivas bajo, los cimientos de cada una de las cinco torres que hoy lucen sobre sus ápices la estrella roja, y ponen así en el firmamento de Moscú una constelación de cinco grades estrellas de cinco puntas, iluminadas desde su interior y encendidas en el purpúreo resplandor de auténticos rubíes.
 (…)Con ellos se deparó al magnífico fuerte, por la virtud de aquellas jóvenes vidas inmoladas en tan terrible altar y sarcófago, una vida imperecedera.

Entradas populares de este blog

LA CONSTITUCION DE 1917

¿COMO SURGE LA CONSTITUCIÓN DEL 17?



Al realizarse las elecciones de miembros a la Convención Nacional Constituyente el 30 de julio de 1916 el colegialismo fue ampliamente derrotado. De 148.000 sufragantes cerca de 90.000 lo hicieron contra la Reforma. Sus adversarios, blancos y colorados anticolegialistas aparecían triunfantes. Sin embargo, luego del natural desconcierto producido por la derrota, reaccionaron los colegialistas proclamando la candidatura de Batlle y Ordoñez a la futura Presidencia de la República.

Ya que no querían el Colegiado tendrían nuevamente a Batlle al frente del gobierno unipersonal de País! El impacto en el Nacionalismo fue tremendo y se buscó un acuerdo con los colegialistas, que cristalizó en la designación de la "Comisión de Acuerdo Constitucional". De hecho se descartaba a la fracción colorada anticolegialista, minoría, que auspiciaba el sistema parlamentario.

¿CUAL FUE LA ACTITUD DEL Sr. BATLLE Y ORDOÑEZ ANTE LA REFORMA?

Aunque se mantuvo en forma s…

Las leyes, el mundo del empleo y la robótica. ¿qué hacemos? por @fedelagrotta

Una nota del blog argentino autoblog, nos ha inspirado a escribir sobre este tema. Allí se explica sobre la situación de un robot autónomo que no podría funcionar en el país por falta de legislación específica. Dicho robot es un tractor que estaría operativo en  California - Estados Unidos. Un año atrás, Montevideo también se vio sacudida por la llegada de Uber, una nueva aplicación informática que, entre otros aspectos, no estaba prevista en la legislación departamental y nacional. Estos dos ejemplos nos enseñan que, por una parte, los avances en el mundo cada día se expanden con mayor velocidad e igualdad y, por otra parte, el poder del Estado como regulador pierde ante la presencia de las nuevas tecnologías.

Los colorados en su laberinto ¿Cómo ser oposición?

Unos días atrás Fernando Amado (Batllistas Orejanos - Partido Colorado) anunció su intención de prestar el voto 50 que permitiría al Gobierno aprobar la rendición de cuentas, alegando entre otras cosas lo siguiente: "No nos sentimos cómodos con el libreto de la oposición en términos mayoritarios que dice que hay que hacer todo lo posible para embromar al Gobierno".