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De 1903 a 1933. Del reformismo político y social al golpe de estado.




Texto extraído en su totalidad de “ESTUDIOS La Semana de EL DíA. Montevideo, sábado 26 de marzo de 1983” 


Del reformismo político y social al golpe de estado marxista

   El período 1903-1933 es central en nuestra historia institucional, política y social. En su prólogo están los apuntes de Cuestas sobre José Batlle y Ordóñez: “Este ciudadano es un hombre joven de 45 años, instruido, hijo del que fue presidente Batlle, de profesión periodista, agitador político revolucionario, de elevada talla y musculatura de gladiador romano, es popular entre la juventud que se dedica a la política. No es aceptado por la opinión conservadora”. Y en su epílogo las palabras de Gabriel Terra y del Dr. Conrado H. Hughes, que recordara el Dr. José Edelman en reciente trabajo. “El Dr. Terra se dirigió con un mensaje radial a toda la República el 7 de abril de 1933 – en la víspera de lo que debió ser la marcha largamente esperada – diciendo, entre otras cosas:
   Al otro día de dicha conferencia radial, el Dr. Conrado H. Hughes envió a la redacción de “El Pueblo” (diario del presidente Terra) una carta, en donde después de aludir a inexactitudes en que incurrió el Dr. Terra en su discurso, afirma:
   Baltasar Brum había caído, con plena conciencia de sus actos, en defensa de la Constitución, la Libertad y la dignidad de su investidura de Consejero Nacional. Comenzaba un ciclo dictatorial que era a la vez un tiempo de triunfo de los sectores conservadores sobre el reformismo batllista.

El proceso político y social

   Sobre la base de su programa de acción, divulgado en un reportaje de “El Tiempo” del 23 de enero de 1903, y su extensa carta a la Convención publicada por EL DÍA el 28 de setiembre de 1910, Batlle emprendió una vasta obra de consolidación institucional, afianzamiento de la legalidad y realización de las “grandes reformas sociales”. 
   En primer término tiene lugar la modernización del sistema político, con la introducción como elementos de carácter definitorio, de basamentos ideológicos como legitimadores privilegiados de la existencia y la acción partidaria. Sobre las emociones y tradiciones del P. Colorado, Batlle impulsa un “partido de ideas” diseñado democráticamente y abierto a la participación popular. 
   Se produce simultáneamente un doble movimiento: la centralización del poder en el Estado (superándose la división de hecho entre el gobierno de la República y el gobierno de “El Cordobés”) y su democratización y regulación por vía electoral. 
   En las peculiares condiciones nacionales, la tarea modernizadora y de reforma social es facilitada por el fenómeno de la “autonomía” del sistema político en relación a los sectores de poder económico, hecho señalado entre otros por Henry Finch y Barrán y Nahum. 
   1916 es la bisagra del período con el “Alto” de Viera y la progresiva reacción conservadora cuya intervención es creciente hasta culminar en el golpe de 1933. Los “Apuntes” de reforma constitucional que Batlle publicará en marzo de 1913, son el catalizador de la reacción en que se unifican las oposiciones políticas y económicas. Mientras el Partido Colorado sufre sucesivas divisiones internas (riverismo, vierismo, sosismo), los grandes centros de poder económico se unen y comienzan a explicitar sus aspiraciones políticas.
   Se asociaron valores que no guardan estrechas relaciones reales entre sí, para enfrentar la imagen de la estabilidad tradicional con la de un reformismo presentado como perturbador para todas las clases sociales. Así se unieron el voto contra el colegiado, con la preservación de la prosperidad agraria y la unidad de la familia. 
   Acababa de nacer la Federación Rural (fundada a fines de 1915), de la que Irureta Goyena sería vocero privilegiado para el desarrollo de su acción política. Se integra la “Coalición Popular” con riveristas, blancos, cívicos y dos representantes de la Federación Rural. La Asamblea nacional Constituyente electa el 30 de julio de 1916, tendrá mayoría anticolegialista, pero en las elecciones generales de enero de 1917, el Batllismo logra 80 Bancas, 18 más que el conjunto de los restantes partidos, quedando enfrentada la Constituyente anticolegialista, con un Parlamento favorable al Colegiado. 
  Esto en términos sociales y de filosofía económica, importaba el choque entre la actitud conservadora y la reformista. Ya el 11 de agosto de 1916, Viera en su mensaje a la Convención, afirmaba: “Las avanzadas leyes económicas y sociales sancionadas durante los últimos períodos legislativos han alarmado a muchos correligionarios y son ellos los que nos han negado su concurso en las elecciones del 30. Bien, señores, no avancemos más en materia de legislación social y económica; conciliemos el capital con el obrero. Hemos marchado bastante a prisa; hagamos un alto en la jornada”... Este mensaje contrastó duramente la opción conservadora con el programa Batllista, y le significó a Viera el Beneplácito expreso de la Banca, la Industria, el Comercio y los terratenientes, a través de visitas de sus representantes gremiales.
    El proceso se acentuaría, originando la “Unión Democrática” y la intervención desembozada de los sectores de presión económica en la vida política. El 6 de abril de 1919 el vocero de “La Defensa Comercial”, convocaba a detener el proceso de reforma social, “mucho más en nuestro país, donde la protección al obrero viene francamente de las esferas oficiales y de ellas emanan también las leyes que castigan el capital”
   Los resultados de la paralización legislativa fueron notorios: quedaron archivados los proyectos referidos a la participación de los funcionarios en las utilidades de las empresas públicas, el salario mínimo rural, el descanso dominical obligatorio, etc. 
   El fracaso de 1916, y la situación política planteada a partir de enero de 1917, conducen a la transacción y a la forma mixta con un Ejecutivo integrado por el presidente de la República y el Consejo Nacional de Administración. Batlle, como afirmara Domingo Arena en la Convención, estaba “obsesionado por la pesadilla de que el país juega su suerte toda en cada elección presidencial, por la desesperante pesadilla de que todos los progresos conquistados a fuerza de tantos sacrificios pueden perderse en un día por la elección de un mal presidente”
   De todos modos el Consejo Nacional era, como sostuviera Brum “una inmensa garantía democrática para la República”. Y proclamado candidato presidencial por la Convención a comienzos de 1918, reafirmó sus convicciones colegialistas: “Prometo también por mi honor, que toda esa fuerza excesiva que, desgraciadamente, la Constitución ha puesto en manos del presidente, no será nunca empleada, sino en el bien del país, en el respeto a la Constitución y a las leyes, y jamás en su desmedro. Consecuente con mis ideas colegialistas, y convencido como estoy, de que se ha cometido un grave error al concentrar en las manos del presidente una suma tan grande de poderes, yo no seré jamás un obstáculo a que se introduzca una reforma constitucional, que atenúe esa fuerza excesiva o que se suprima la Presidencia de la República, estableciendo el Colegiado en su forma más amplia. 
   Y a ese efecto, señores, me comprometo por mi honor, en presencia vuestra, en presencia de mi partido, en presencia de mi país, a que en cualquier momento en que la voluntad de éste sea la de suprimir la Presidencia de la República, la abandonaría para que se implante, en forma amplia, el Colegiado” 
  En 1929 se produce la Gran Depresión, que irradia desde los centros a la periferia. Uruguay presentaba un cuadro económico-financiero difícil desde la crisis de 1920, subsiguiente al período de expansión provocado por la Primera Guerra. 
   Caen los precios de lanas y carnes, con el resultado de un fuerte desequilibrio comercial; hay un fuerte empuje del índice de precios interno y niveles importantes de desocupación. El entorno estimula el replanteo de la legislación social. 
   “Ya a comienzos de 1930 – señala Raúl Jacob – en su mensaje a la Asamblea General, el entonces presidente de la República, Juan Campistegui, advirtió, refiriéndose a las leyes sociales, que “en nuestro país se marcha a un ritmo demasiado acelerado”. Por esa misma fecha el funcionario del Banco República, Octavio Morató, asesor económico de la “Unión Industrial Uruguaya”, se preguntaba si no sería el caso hacer un paréntesis a todo plan de extensión de los beneficios sociales, mientras se estudiaba el resultado de las leyes en vigencia. 
   En 1931 las empresas extranjeras protestaban de que la Cámara de Representantes había aprobado un proyecto de salario mínimo de setenta pesos, pese a que en la 10ª Conferencia Internacional del       Trabajo en Ginebra (1927) figuró como punto en el orden del día su fijación en las industrias.            También ese año, 1931, el sector empresarial se aglutinó contra el proyectado “Seguro a la Desocupación” aprobado por la Cámara de Representantes. (Uruguay 1929-1938)
   La crisis se canaliza en la crítica a las Instituciones, impulsada por el presidente de la República y el Herrerismo. Han transcurrido pocos años desde la muerte de José Batlle y Ordóñez, y el empuje conservador es formidable. Se integra el “Comité de Vigilancia Económica” que reúne a los grandes intereses nacionales y los vinculados al capital extranjero; la inhibición de las reformas sociales es progresiva y llegará a su culminación con el golpe de 1933, que prácticamente las paraliza y provoca retrocesos.

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